Un buen recuerdo, permanece para siempre.
A media mañana, he salido con una nueva amiga, que al igual que yo, está lejos de su casa y de su familia. Debido a nuestro caracter risueño y noble, hemos congeniado bien desde el principio, por lo que a menudo, vamos juntas a realizar esos pequeños mandaos ( como le llamaba mi abuela Lola a ir a la tienda de la esquina ) a comprar lo justo para el diario. Nada mas cruzar la plaza, que es la ante sala a una de las calles que me llevan a mi habitual recorrido, nos reiamos hablando sobre como a veces los adultos ( que no son esos señores barrigones con bigote, sino nosotros mismos ) , llevan a extremos rozando lo absurdo, problemas del diario, del trabajo y de la convivencia con la vecindad. Un grupo de chiquillos, puede reñir hasta pelear, por quién es el que elige el juego al que jugar, o de quien puede o no participar en un partidillo de futbol. Después de cinco minutos de disputa, son el resto de niños del grupo, los que hace entrar en razón a...