Un buen recuerdo, permanece para siempre.

A media mañana, he salido con una nueva amiga, que al igual que yo, está lejos de su casa y de su familia.
Debido a nuestro caracter risueño y noble, hemos congeniado bien desde el principio, por lo que a menudo, vamos juntas a realizar esos pequeños mandaos ( como le llamaba mi abuela Lola a ir a la tienda de la esquina ) a comprar lo justo para el diario.

Nada mas cruzar la plaza, que es la ante sala a una de las calles que me llevan a mi habitual recorrido,  nos reiamos hablando sobre como a veces los adultos ( que no son esos señores barrigones con bigote, sino nosotros mismos ) ,  llevan a extremos rozando lo absurdo, problemas del diario, del trabajo y de la convivencia con la vecindad.
Un grupo de chiquillos, puede reñir hasta pelear, por quién es el que elige el juego al que jugar, o de quien puede o no participar en un partidillo de futbol. Después de cinco minutos de disputa, son el resto de niños del grupo, los que hace entrar en razón a los rivales de sus desavenencias, dando soluciones espontaneas y sencillas al enfrentamiento, dando paso al juego  a la totalidad del grupo. Y mientras juegan a darle patadas al balon pensando que son lo mas parecido a sus idolos futbolisticos, la enemistad y la trifulca pasada, se queda en eso. En pasada.

Los adultos, somos toda arrogancia, todo coraje y orgullo.
Podemos dar un paso en falso y  si nos equivocamos,  raro es el que reconoce haber errado.
Lejos de agachar la cabeza y reconocer nuestro error, algunos, como el protagonista de la conversación con mi amiga, decide seguir su equivocada actitud de demostrar su disconformidad, evitando cualquier tipo de ralacion, que hasta el momento era cordial y hasta empalagosa, diria yo.

El caso, es, que subiendo hacia el horno del pan, la calle, hoy parecia estar mas bonita que otros dias.
La luz, que inundaba la totalidad del espacio, parecia que se precipitaba hacia los marcos de madera de puertas y ventanas y despertaba el brillo del barniz que los cubre.
Una luz que ocultaba el paso del tiempo de la piedra gastada, y hacia salir la belleza  de la forma que de manera unica y peculiar, van formando piedra a piedra las fachadas de tan rusticos hogares.
Admirando tan bella postal, percibo algo muy familiar.
¿ Como se puede encontrar algo familiar a tantos kilometros de distancia?  Pues se puede. Algo con lo que te puedes topar en cualquier parte del mundo. La musica..

A medida que nos íbamos acercando a nuestro destino  esa melodia se hacia mas clara al entendimiento.
Justo en el punto en el que se ensancha la calle, de una de las casas,  preciosa, por cierto, con ventanas y balcones abiertos, se escuchaba una cancion de Los panchos, una canción, que yo he escuchado de niña cientos de veces,"  El reloj ".
Me he detenido por unos segundos, para tararear un trocito de la canción, para mi asombro y el de mi amiga.
Una sonrisa, ha inundado mi rostro, al recordar esos momentos, en los que de niña, escuchaba esa cancion en el salon de mi casa. Esa y tantas de tan celebre grupo.
" Reloj, detén tu camino, porque mi vida se apaga....."  " detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua...".
Continuamos nuestro camino, y todo parecia que iba a ser mejor.
Solo se necesita un poco de luz, para ver entre las sombras, por lo que la luz de esta mañana, no solo ha iluminado ventanas y balcones. Tambien ha puesto un poquito de luz, en medio de mi perspectiva.

Pues bien, yo le digo a ese reloj, que no se detenga. Que siga su camino, al igual que cada uno seguimos el nuestro, ya que gracias a eso, cada nuevo dia, es una experiencia nueva. Es un nuevo capitulo de esta, nuestra novela, unas veces de aventuras, otras de romance e incluso de batallas.

Reloj, no te pares, y déjanos que sigamos descubriendo cosas maravillosas dia a dia.

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