Una tarde de verano.
Teresa, descansaba placidamente tirada en el cesped, a los pies de un cerezo.
Eran las cuatro de la tarde, y aunque a esa hora a mediados de Julio hace mucho calor, en el cesped, se disfrutaba de una temperatura muy agradable.
La sombra que proporcionaba la copa del frutal, cubria por completo el cuerpecito de la niña.
La brisa, movia las ramas y estas a su vez sus hojas, proporcionando a Teresa sensacion de frescor.
Teresa pasaba unos dias en la casa de sus abuelos. La finca, estaba situada en un pueblecito de montaña entre la sierra de Granada y Almeria, un lugar en el que habria censados unos Dos mil vecinos aunque el numero se duplicaba en verano por la llegada de las vacaciones. La temperatura no superaba en el dia los 32 grados, siendo la mas baja por la noche de 12.
La casa, estaba situada en un terreno de unos dos mil metros cuadrados, la mayoría cubierto de cesped . Tiene varios arboles frutales plantados de manera dispersa, sin guardar ningún orden.
Dos ciruelos, dos cerezos, un peral, un manzano y cuatro olivos, estos ultimos, repartidos entre las esquinas de la casa.
La finca, no muy grande, estaba rodeada de altos y frondosos pinos, que guardaban la casa de las miradas del exterior y le daban no solo intimidad sino un encanto especial.
Una vez que acababa el colegio, Teresa y sus padres pasan toda la temporada del verano con sus abuelos en la casa del pueblo. El año anterior no pudieron ir de vacaciones a la casona, como ella la llama ya que mamá se puso enferma y entonces su padre los mandó a ella y a Julito a la casa de playa de la Abuela Matilde y el abuelo Joaquin, sus abuelos maternos.
Como niña que es, y debido a que no tiene primos de su edad, Teresa pasa las horas inventando historias.
Volviendo a nuestra protagonista, Teresa es una niña de diez años, muy alta para su edad, de complexion normal, ni demasiado delgada ni demasiado gordita. Su carita redonda y muy blanca, sus ojos, son grandes y expresivos, de color verde oliva, y su melena, en color castaño.
Teresa es la mayor de dos hermanos, Julio o Julito, como ella lo llama, tiene 18 meses, un bebe, de piel blanca como el nacar y cabello rubio, muy regordete, como casi todos los bebes de esa edad.
En esta ocasion, la pillamos en el jardin, su lugar favorito.
Teresa habia terminado de comer un arroz con pollo muy rico que habia preparado la abuela Manuela; mamá no habia comido nada, le dolia mucho la cabeza, Julito dormia y su padre no estaba, como de costumbre. El no tenia vacaciones. Es jefe de su propia empresa y siempre estaba trabajando.
Bajó las escaleras que separan la casa del jardín. Una vez abajo, los sentidos de Teresa se acrecentaban en aquel lugar. Se creaba alrededor de si misma, una burbuja, en la que únicamente dejaba entrar los rayos de luz que pasan por entre las ramas de los arboles, el ruido de las chicharras, el zumbido de alguna libélula y el ruido que hacen las hojas de las copas de los arboles, balanceándose de un lado a otro según sopla el viento.
Los aromas, de la fruta todavia en el arbol, se mezclaban en el ambiente, formando perfumenes dulces y tropicales. Disfrutaba inspirando el aroma del cesped aun humedo y recien cortado.
Aunque Teresa es una niña inteligente y muy despierta, no deja de tener esa pizca de inocencia, veréis porque lo digo.
La niña, se paseaba por el jardín, mirando a la base de los troncos de los arboles, buscando algún hueco que pudiera ser algo sospechoso. Algo como la entrada de una casa de Gnomos. Ella, se conformaba así misma pensando:
- Si son dibujos, no pueden ser reales- pero seguía pensando. - Pero si alguien los ha dibujado es porque los tiene que haber visto, o sino ¿ como saben como son sus casas?
- ¡Teresa! , ¡Teresa! , - la voz de un muchacho la llamaba, pero no era una voz conocida. Miró hacia atras y ve acercarse al cesped, a un muchacho de pelo anillado, castaño claro, vestido con vaquero cortado a media pierna, camiseta a rayas y deportivas blancas.
- ¿ Tu eres Teresa? . -Si - contestó la niña timidamente. - Yo soy Javi, el hijo de Javier, el vecino de la casa de enfrente. Mis padres han venido a visitar a tus abuelos y decirles que ya hemos llegado a pasar el verano y me han dicho que viniera a jugar contigo.
Javi, cumpliría ese verano los 12 años por lo que por lo próximo a la edad de la niña, tenían posibilidades de ser unos buenos compañeros de juegos.
-Mira, le dijo, yo juego a la peonza, ¿ te gusta jugar a la peonza a tí?
y le enseñó un cordel bastante usado y una peonza de madera con unas lineas de color verde y rojo pintadas de manera paralela.
- Ah - dijo la niña algo sorprendida. - puesss - Teresa dudaba si decirle a este nuevo amigo qué estaba haciendo realmente en el jardín, ya que no sabia si al decírselo, se iba a reir de ella o por el contrario la ayudaría a buscar esas entradas secretas de las casas de los gnomos.
- Ya veo que no sabes.- y algo decepcionado, guardo el cordel en uno de sus bolsillos, y con dificultad, metió la peonza en el otro.
- Busco cosas.- ¿que cosas? le respondió Javi.
- Pues..... - Javi empezaba a impacientarse de tanto misterio, y sin disimularlo, con sus manos metidas en los bolsillos, empezó a darle patadas a las piedrecitas que había en el cesped.
Por fin se llenó de valor y con gesto algo interesante dijo;
- Busco gnomos !!!
- ¿ Como ? - le contesta Javi con gesto algo extrañado.
-Gnomos, los duendecillos que viven en el bosque y hablan con los animales. - le explica ella, y con una sonrisa disimulada en su rostro y gesto algo burlesco le dijo - Buahhh, estamos apañaos. Gnomos.
-Javiiiiii, Javierrrrr. La madre de javier lo llamaba desde la terraza de la casa. No había muchos metros entre el porche y el jardín donde estaban los niños, pero debido a la cantidad de arboles frutales y distintas plantas en el terreno, era difícil encontrarlos a primera vista.
- Sube, que nos marchamos ya!
- Voy. Contestó el chico. y dirigiéndose a su reciente y desconocida a miga, le dijo.
- Me marcho. Suerte y que encuentres a tus gnomos.
- Vale.- le dijo Teresa, algo decepcionada por la rapidez de la visita.
Mientras Teresa observaba como el muchacho se marchaba hacia la casa, la niña, observó que algo se le caía a Javi del bolsillo. Corrió a ver lo que era y cuando se agachó vio que era una cuerda, vieja y muy usada. Era el cordel de la peonza. Cuando alzó la vista hacia su amigo, ya se había marchado, por lo que decidió guardarla en el bolsillo de su vestido y devolvérsela cualquier otro día.
Nuestra historia, no acaba aquí, es más, acaba de empezar.
Mas adelante, sabréis que ocurrió con Teresa y con Javi .
¿ Le devolvería Teresa el cordel de la peonza ?
¿ Descubrió teresa el árbol donde se escondían los nomos?
Continuará.....
Para todos aquellos, que comenzaron sin saberlo, una bonita historia, en una tarde de verano.
bueno ya estoy aqui comentandote tu blog jeje me diras que soy una pesada tanto comentario jaja pero ha sido una historia preciosa es mas cuando hablabas de teresa no se porque pero me ha dado la impresion de que hablabas de ti y tus hermanos jeje y a lo mejor no, pero me imagine eso jeje mira mi cabeza a donde se va jajaja bueno pues decirte que me encantas como escribes y mira que no soy de leer pero me supone una curisidad el ver a donde a ido hoy tu imaginacion jeje cotilla que soy!!! y ademas esque me las leo 2 o 3 veces segun el ratico que tenga pero me relaja mucho el leer tus historietas que me sigas escribiendo algo que pueda tener la mente ocupada un ratito y me entretenga y me salga la sonrisilla o las lagrimillas todo depende de la creacion jeje un besito enorme de tu cuñada jenny
ResponderEliminarTe superas ..
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