Una tarde de verano ( II parte )
Dieciseis de Junio. El curso ha acabado para los buenos estudiantes como Teresa y puesto que no hay examenes de recuperaciones para septiembre, Teresa, este año, se irá antes a veranear a casa de sus abuelos.
Sus padres tardarán algo mas en ir, ya que Julio, si que tiene que recuperar las dos ultimas evaluaciones de Lengua y Matemáticas.
Sola en su habitacion, y como toda una mujercita, organiza todo lo que le hará falta en los meses de verano.
Con la maleta abierta encima de la cama, va sacando la ropa del armario y la dobla de una manera muy cuidadosa para que se arrugue lo menos posible.
Vestidos vaporosos, vaqueros, camisetas de algodón y biquinis son el fondo de armario de la maleta de Tere, junto con bailarinas, sandalias y muchos adornos y prendidos del pelo.
Para el viaje, se había vestido con ropa cómoda. Camiseta de algodón roja con manguita corta, un vaquero pirata de color azul gastado y bailarinas rojas. El pelo como casi siempre, lo llevaba recojido con cola alta, goma blanca y lazo a juego con su camiseta.
El sonido de un claxon se escucha en la calle. Teresa, corre hacia la ventana del salón, retira con la mano el visillo y abre la corredera. Alguien desde un citroen zx color crema, saluda con la mano.
- Mamá, es el abuelo, me voy ya.-
- ¿Lo has cogido todo? Si se te ha olvidado algo, me llamas y me lo dices, que nosotros en dos semanas, estamos alli.-
- Si mamá, no te preocupes.
Teresa ya estaba en la entrada con su maleta en la mano. - Haber, déjame que te mire. le dice su madre.
- Venga mamá, que el abuelo está esperando.
La madre de Teresa, acaricia la cara de su hija y casi con lagrimas en los ojos, por la emoción de ver que estará dos semanas sin ella le dice:
- Cariño, pórtate bien, ayuda a tu a abuela y no le des trabajo, hazles caso en todo lo que te digan y si sales con tus amigos, por favor, que te acompañen a casa, para que no andes sola.
- Cariño, pórtate bien, ayuda a tu a abuela y no le des trabajo, hazles caso en todo lo que te digan y si sales con tus amigos, por favor, que te acompañen a casa, para que no andes sola.
- Que si mamá, .- Nerviosa y hasta emocionada puesto que era la primera vez que sus padres la dejaban unos dias sola con sus abuelos, le dio un beso a su madre y corrió escaleras abajo al encuentro de su abuelo.
El ruido que formaban las maletas golpeando la pared y la barandilla de las escaleras junto con los pisotones de la joven, daban que pensar que no era una sino dos o tres personas, las que apelotonadas, bajaban corriendo los peldaños. De dos en dos e incluso de tres en tres saltaba los escalones. Parecia que volaba en vez de bajar las escaleras.
Salio del portal y miró a derecha e izquierda, su abuelo había aparcado un poco mas abajo.
Se había salido del coche y se habia encendido un cigarrillo.
Se había salido del coche y se habia encendido un cigarrillo.
- Abuelo!!!! - grito Teresa nada mas salir del portal. -
- Princesa!!!! Dijo su abuelo, mientras tiraba el cigarro recién encendido y abría los brazos para recibir casi en volandas a su nieta.
Los dos se fundieron en un grande y tierno abrazo.
Hay abuelo.... que ganas tenia de que llegara este dia. -
-Ja. Ja, Ja,- reía el abuelo de escuchar a su nieta., como casi todos los abuelos, le dio seis o siete besos seguidos a la niña en un mismo carrillo.
- ¿ Nos vamos ya? tu abuela nos espera y sabes que no le gusta que lleguemos tarde a comer.
- ¿ Nos vamos ya? tu abuela nos espera y sabes que no le gusta que lleguemos tarde a comer.
Mientras el abuelo Andrés mete las maletas en el coche, la niña abre la puerta delantera del coche y ya con una pierna dentro y antes antes de meterse del todo, mira hacia arriba y ve a su madre en la ventana diciéndole adios.
Ella, le responde agitando ambos brazos de manera efusiva a la par que le lanza varios besos.
Una vez sentada en el coche, se sentia diferente. Más mayor, más independiente. Sentía que ese verano seria distinto para ella.
El coche del abuelo , era antiguo pero lo mantenia muy cuidado.
Siempre llevaba una bolsita de caramelos de anis en la guantera. La tapiceria de los asientos, eran de terciopelo de piel de melocotón, en color crema. Tenia como particularidad el olor. Era una mezcla entre Varon dandy ( colonia que él usaba ,) y olor a puro masticado, ya que no los fumaba, solo los masticaba, costumbre que cogió siendo un niño en la post- guerra.
El camino, de casi hora y media de viaje por carretera nacional, se hizo muy corto. Teresa, no solo adoraba a su abuelo sino que sentía gran admiración por el, asi que los momentos vividos a su lado, los aprovechaba escuchando todo lo que él le decía.
Sus historias, sus anecdotas, sus consejos. Se sentía muy agusto al lado de su abuelo.
- Ya llegamos. - Manuel echó el freno de mano, un tirador que se encontraba de manera paralela al volante.
Se bajó para abrir la gran cancela negra de hierro, mientras Teresa desde el asiento delantero, miraba emocionada la entrada de la casa.
Una vez dentro, en el camino de piedras y antes de que se detuviese el coche por completo, se bajó corriendo en busca de su abuela.
- ¡ Abuela, abuela ! Ya estoy aquí.
- ¡ Ayyyy mi niña ! - gritó la abuela desde la ventana de la cocina.
Sin quitarse el delantal, abrió la puerta para recibir a su nieta.
Mientras abrazaba a la " niña" le daba, al igual que le dió antes su abuelo, seis o siete besos en cada mejilla.
Mientras Andrés subía por las escaleras que hay desde el porche a la entrada de la casa la maleta y un macuto de su nieta, Teresa, muy emocionada y agarrada de la cintura por su abuela, le contaba a ésta, todas las cosas que le habían pasado durante el curso y puesto que ya tenia dieciocho años, las chiquilladas propias de una joven de su edad.
Continuará.....
Este capitulo, lo dedico a la memoria de mi abuelo Juan.
Con el que yo, al igual que Teresa, disfruté de muchos veranos a su lado, de sus historias, sus consejos y su presencia.
El recuerdo de verlo en el jardín, tijera de podar en mano, ataviado con camiseta blanca de algodón y tirantes, pantalón gris de vestir y zapatos viejos sin abrochar , es la imagen que mi memoria recuerda de él. Arreglando los rosales con esa guisa, mientras masticaba su puro interminable, ya que jamas se consumía.
Los veranos en tu casa de Alfacar, marcaron la etapa más feliz de mi infancia, la pena, es no habértelo podido decir.
Estés donde estés, te sigo queriendo igual que cuando era una niña.
Sé, que tú a mí también.
Una vez sentada en el coche, se sentia diferente. Más mayor, más independiente. Sentía que ese verano seria distinto para ella.
El coche del abuelo , era antiguo pero lo mantenia muy cuidado.
Siempre llevaba una bolsita de caramelos de anis en la guantera. La tapiceria de los asientos, eran de terciopelo de piel de melocotón, en color crema. Tenia como particularidad el olor. Era una mezcla entre Varon dandy ( colonia que él usaba ,) y olor a puro masticado, ya que no los fumaba, solo los masticaba, costumbre que cogió siendo un niño en la post- guerra.
El camino, de casi hora y media de viaje por carretera nacional, se hizo muy corto. Teresa, no solo adoraba a su abuelo sino que sentía gran admiración por el, asi que los momentos vividos a su lado, los aprovechaba escuchando todo lo que él le decía.
Sus historias, sus anecdotas, sus consejos. Se sentía muy agusto al lado de su abuelo.
- Ya llegamos. - Manuel echó el freno de mano, un tirador que se encontraba de manera paralela al volante.
Se bajó para abrir la gran cancela negra de hierro, mientras Teresa desde el asiento delantero, miraba emocionada la entrada de la casa.
Una vez dentro, en el camino de piedras y antes de que se detuviese el coche por completo, se bajó corriendo en busca de su abuela.
- ¡ Abuela, abuela ! Ya estoy aquí.
- ¡ Ayyyy mi niña ! - gritó la abuela desde la ventana de la cocina.
Sin quitarse el delantal, abrió la puerta para recibir a su nieta.
Mientras abrazaba a la " niña" le daba, al igual que le dió antes su abuelo, seis o siete besos en cada mejilla.
Mientras Andrés subía por las escaleras que hay desde el porche a la entrada de la casa la maleta y un macuto de su nieta, Teresa, muy emocionada y agarrada de la cintura por su abuela, le contaba a ésta, todas las cosas que le habían pasado durante el curso y puesto que ya tenia dieciocho años, las chiquilladas propias de una joven de su edad.
Continuará.....
Este capitulo, lo dedico a la memoria de mi abuelo Juan.
Con el que yo, al igual que Teresa, disfruté de muchos veranos a su lado, de sus historias, sus consejos y su presencia.
El recuerdo de verlo en el jardín, tijera de podar en mano, ataviado con camiseta blanca de algodón y tirantes, pantalón gris de vestir y zapatos viejos sin abrochar , es la imagen que mi memoria recuerda de él. Arreglando los rosales con esa guisa, mientras masticaba su puro interminable, ya que jamas se consumía.
Los veranos en tu casa de Alfacar, marcaron la etapa más feliz de mi infancia, la pena, es no habértelo podido decir.
Estés donde estés, te sigo queriendo igual que cuando era una niña.
Sé, que tú a mí también.
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